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De la Pérdida del Máster al Audio Espacial: Cómo la IA rescata el catálogo independiente

hace 55 minutos
3 min de lectura

Programar no te convierte en mejor músico. Pero sí te da instrumentos que antes no existían.

Durante décadas, la imagen del músico fue clara: talento, oído y horas de práctica. Hoy a esa lista se suma algo menos obvio. Hay artistas que componen escribiendo código en vivo, investigadores que convierten datos del espacio en sonido y estudiantes que arman su propio sintetizador. No es una moda: es una conversación que empezó hace casi dos siglos.

Una idea más vieja de lo que parece

En 1843, Ada Lovelace escribió en sus notas sobre la Máquina Analítica de Babbage que esa máquina “podría componer piezas de música elaboradas y científicas de cualquier grado de complejidad”, siempre que las relaciones de la armonía pudieran expresarse como operaciones (Nota A, Lovelace 1843). La máquina nunca se construyó, pero la idea quedó escrita.

Más de un siglo después, Lejaren Hiller y Leonard Isaacson usaron el computador ILLIAC I de la Universidad de Illinois para crear la Illiac Suite (1956–1957), un cuarteto de cuerdas considerado la primera partitura compuesta por computador (Illinois Distributed Museum; Wikipedia). Usaron reglas y métodos de probabilidad. En otras palabras: algoritmos al servicio de la composición.

Tres formas en que el código ya es un instrumento

1. Live coding: el código como performance. En el live coding, el artista escribe y modifica código en tiempo real y lo proyecta para que el público vea el proceso. El libro Live Coding: A User’s Manual (MIT Press, 2022, de acceso abierto) lo describe como personas que interactúan con el mundo y entre sí en tiempo real a través del código (TOPLAP). Alrededor de esta práctica existe una comunidad global, TOPLAP, y una escena de fiestas llamada Algorave (TOPLAP).

2. Aprender música y programación al mismo tiempo. Sonic Pi, creado por Sam Aaron, es un software libre y gratuito para hacer música con código. Fue diseñado junto con docentes para usarse en el aula y funciona en Windows, macOS, Linux y Raspberry Pi (sonic-pi.net). La barrera de entrada no es un equipo caro: es la curiosidad.

3. Sonificación: cuando los datos suenan. Sonificar es traducir datos a sonido. El proyecto A Universe of Sound, del Chandra X-ray Center de NASA, convierte datos de telescopios en música: la posición vertical se vuelve tono, el brillo se vuelve volumen y las estrellas se vuelven notas (Chandra/NASA). Parte del impulso vino de la astrónoma Wanda Díaz-Merced, que perdió la vista y encontró en el sonido otra forma de analizar datos. La sonificación tiene un doble valor: científico y artístico.

¿Entonces todos los músicos deben programar?

No. Y es importante decirlo. No hay evidencia de que saber programar sea un requisito para crear música valiosa. Muchas herramientas actuales esconden el código detrás de interfaces visuales, y el oído, la sensibilidad y el oficio siguen siendo el centro.

Lo que sí cambia es el rango de posibilidades. Entender cómo funciona una herramienta por dentro permite:

  • Construir instrumentos y efectos que no existen en el mercado.

  • Crear piezas que responden a datos: clima, cuerpo, plantas, ciudad.

  • Colaborar con ingenieros, científicos y diseñadores en su mismo idioma.

  • Depender menos de software cerrado y costoso.

El creador híbrido no es quien abandona la música por la tecnología. Es quien suma herramientas sin perder la intención artística.

¿Y en Colombia?

La formación ya existe. Por ejemplo, el Instituto Tecnológico Metropolitano de Medellín ofrece la Tecnología en Informática Musical (ITM). Y la comunidad también: en el Music Tech Summit 2026 hubo espacios sobre síntesis modular, síntesis digital DIY y open source, y sonificación de biodatos y plantas.

Esa es la conversación que Music Tech Colombia quiere seguir ampliando: una donde el código, los datos y la música se encuentran, sin perder de vista lo más importante — lo que queremos decir con el sonido.


¿Investigas, programas o creas en este cruce entre código y música? El Music Tech Summit vuelve en el marco de Medellín Music Week, del 15 al 21 de febrero.


 
 
 

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